“soy bonita, soy bonita, soy bonita” se escucha una voz,
casi parece un murmullo, un murmullo sin convicción, en una habitación oscura y
gris, no hay luz, no hay colores, no hay nada, solo una cama deshecha, un
espejo roto y una muchacha, delgada, casi raquítica, asustada y tímida, solloza
frente al roto espejo mientras repite sin llegar a creérselo “soy bonita, soy
bonita, soy bonita, soy bonita” da un par de pasos torpes hasta llegar a una cómoda
que se encuentra pegada a la muralla y saca un cepillo, se dirige y una vez más
al espejo y repite ahora con un poco más de fuerzas “soy bonita, soy bonita,
soy bonita” se cepilla el pelo con fuerza, parece que quiere acabar con su fina
cabellera, porque no siente piedad al pasar el grotesco peine una y otra vez
por el mismo lado, su pelo no es más que una masa larga de rulos castaños que
caen hacia enfrente, no lleva más que una sucia camisa que parece muy grande
para ella, tiene un pequeña nariz, labios partidos y resecos, ojos grandes,
verdes y oscurecidos, sus ojos están rodeados por una aureola negra, las
espesas pestañas están llenas de agua, y un ría de lágrimas caen por sus pómulos,
parece no haber comido hace días, se ve destrozada… Se dirige una vez más hacia
la cómoda y toma una botella y bebe el contenido, sin cuidado, se vierte en
cima de su pelo, de su cara, de su rota camisa, de sus piernas delgadas y del
piso, su mirada ha cambiado, ya no es lastimera ahora duele, está cargada de
rabia, de dolor, de un pánico profundo, de un terror sobre natural, mira una
vez más al espejo y grita “soy bonita, soy bonita, soy bonita, soy bonita”
grita un alma descarriada a un espejo vacío sin saber si se lo dice al espejo,
a ella, al mundo o a él.
Él, quien fue capaz de transformar su mundo de la sombra a
la luz, con la misma facilidad con la
que fue capaz de dejarla ahogarse en sombras aún más oscuras que las de su
pasado… Él fue quien le enseño a ver los colores, y en un segundo la deslumbro
y la dejo ciega, sola, ella nunca más supo apreciar la belleza de la vida, y
ahoga sus penas, en llantos, en sollozos mudos, y en gritos, ahoga su necesidad
y su falta, su abandono y su soledad, lo ahoga en alcohol barato, en cigarros,
no usa drogas porque no tiene suficiente para ellas.
Ella está abandonada, está destrozada, no es más que una
cascara vacía, no es más que lo que dejo un huracán a su paso, no es más que lo
que está enterrado bajo toneladas de escombros, no es más que un diario viejo,
no es más que un suspiro perdido, no es más que un alma sin alma, un amor sin
pasión, ella no es más… simplemente no lo es.
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